23
Abr
08

/ Conclusiones

Este ensayo partió proponiendo la discusión de la web 2.0 como herramienta y actor al hablar da construcción de identidades nacionales. Acotando esta propuesta a la situación del Perú, los apartados anteriores han buscado plantear un panorama general de cómo estos dos elementos se interrelacionan (web 2.0 + Perú) haciendo énfasis en el cambio de dinámica comunicacional que la instauración de la web 2.0 supone a nivel generacional. La idea de este trabajo nunca fue llegar a un veredicto estático ni, mucho menos, tratar de predecir el futuro. Toda llegada de nuevas tecnologías produce cambios en la sociedad. El cambio que se discute aquí es el que podría suceder en una generación que se está formando dentro de un universo comunicacional como no lo hubo antes.

Dentro de su libro “El futuro no espera” Henoch Aguiar propone seis pilares para el desarrollo de una política de digital y es interesante notar que el primer tema que remarca no pasa por la implementación de tecnología (aunque esto se considera también), sino por la transformación de la educación. Aguiar realiza un planteo que concuerda con todo lo expuesto dentro de este trabajo, planteando la alfabetización digital no como la meta deseable sino como una competencia de base. Dice:

” Para pensar la educación que deberíamos impartir, debemos hacer un análisis prospectivo y analizar en qué tipo de mundo se aplicarán los conocimientos y aptitudes que el sistema educativo genera. Esta proyección no fue realmente necesaria en las últimas décadas, por cuanto el modelo social evolucionaba pero no cambiaba radicalmente. El mundo industrial y post industrial de las últimas cinco décadas modificaba entornos, planteaba exigencias de formación, pero siempre basado en el mismo paradigma.”

Con esto el autor quiere manifestar que, mientras en las últimas décadas solo se ha necesitado una educación para la especialización en determinadas áreas, la competencia que se requiere ahora está en la capacidad de producción de conocimiento. Dentro de la visión que plantea Aguiar sobre las economías futuras, la riqueza de los países estará determinada por el nivel de desarrollo de sus capacidades intelectuales y creativas y por qué tan bien sepan utilizar los nuevos entornos tecnológicos, dado que los bienes que se producen repetitivamente bajaran en la escala de valor. En de los alcances de este trabajo no está contemplado analizar el escenario económico a futuro, pero es innegable que la educación en nuevas capacidades es necesaria. Además, perseguirse fines tales como acrecentar el nivel cultural-intelectual-creativo podría devenir en un pueblo con individuos más inclinados a la discusión racional de sus conflictos intestinos. El de reconocerse como un país, por ejemplo.

Al hablar de formación de identidades no se puede separar al ser humano de su entorno, ni de los estímulos que recibe en (y ha hasta) el momento de hacerse la pregunta ¿quién soy”. Si se plantea la idea de que la web 2.0 influirá en la forma en que la que los individuos se definirán en el futuro es porque se considera que el grado de interacción con las TICs y la web 2.0 en este momento es suficientemente alto como para tener el papel de una marca generacional. Un doble papel, si se la considera en su dimensión de herramienta de construcción (ayudando a encontrar nuevas formas de conectividad) y como actor al ser internalizadas sus posibilidades como nuevos esquemas de la comunicación.

Sin tener que esperar a que los nativos alcancen puestos de poder, se puede afirmar que ya hoy en día la forma de comunicarse es distinta y que, por lo tanto, es distinta la forma en la que el individuo recibe y procesa la información. La web 2.0 funciona mediante directrices de participación. Si un usuario se limita a navegar por Internet, aún a estas alturas, sabe que no está viviendo la experiencia completa del medio. La mínima acción de utilizar una aplicación como el messenger ya hace comprender que el mundo puede comunicarse y trabajar de una forma más rápida y efectiva que la convencional/burocrática. De momento, es posible que los usuarios nativos se dediquen a absorber todas las ofertas 2.0 como esponjas, pero el mismo sistema de feedback y participación tendría que acabar impulsando la propuesta de nuevas soluciones para la comunicación, es decir, generación e intercambio de conocimiento.

Las reflexiones con las que cierra este ensayo son:

- Que hacer hincapié en las competencias de producción de conocimiento llevará al Perú a poder entablar un diálogo más consiente y fluido sobre su identidad.

- Que la web 2.0 funcionará no sólo como un medio para fomentar este diálogo, sino como una óptica generacional que llevará a tratar el tema de un modo más abierto y horizontal.

- Que el desarrollo de una marca país es necesario, pero que esta será firme sólo cuando encuentre un verdadero correlato en la identidad de su pueblo, y viceversa.

- Que la sola propuesta de una marca país que plantee al Perú en el “ahora” habla de discutir una identidad basada en el presente y no en fragmentaciones que responden a otras épocas y cosmovisiones.

- Que saldar la brecha digital no es una meta, sino una base.

- Que postergar la creación de movimientos / programas / espacios a través de la web 2.0 (y sus sucesoras) hasta lograr una implementación total de TICs en el Perú es inviable y solo retrasaría el progreso.

El enfoque de este ensayo para con las TICs y el progreso es positivo. Alienta este ensayo el hecho de que se esté proponiendo una Agenda Digital y que se tome con renovado interés la construcción de una marca país. Más aún si se habla de propuestas que buscan traer el país al presente. El problema es que se está experimentando un cambio de paradigma y, para un país como Perú que aún no termina de saldar su deuda con el mundo industrial, saltar al nuevo universo propuesto parece un emprendimiento imposible. Y sin embargo, necesario. El peruano, de menor o mayor modo, se ve afectado por los cambios que el nuevo paradigma arrastra, como el de los esquemas de comunicación que supone la web 2.0. Por tanto, el peruano de hoy es un individuo distinto al que discutió infructuosamente su identidad en años pasados. Al pensarse como un todo e ir de lo particular a lo general, el ciudadano puede ver que su cambio hace que el país no sea el mismo que en la década pasada. Es más: que él, al igual que el resto de peruanos, son los que han producido que el escenario sea distinto. Cuando el diálogo logre llegar a acuerdos de cómo se logró ese cambio y hacia donde se intenta dirigir el rumbo nacional, entonces la discusión en torno a la identidad habrá realmente comenzado.


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