Desde la ventana de mi browser
(a tono personal)
En 1999, cuando ingresé a la universidad y mi madre compró la primera computadora de la casa, tuve que asistir a clases de nivelación vacacionales para aprender a insertar un diskette en el CPU. Hoy, casi 10 años después, trabajo a tiempo completo como blogger e ilustradora digital. Y las barreras que se me planteaban desde el aspecto de manejo de software y equipos como la total ignorancia de las dinámicas de Internet han sido suplantadas por el apremio de la actualización constante. Así como las TICs duplican sus capacidades de una forma cada vez más veloz, como profesional me veo obligada a actualizarme (y a veces borrar y empezar desde cero) casi a diario sobre los avances del campo en que me desenvuelvo. Desde mi experiencia, leer el periódico tomando el café por la mañana se ha convertido en algo menos productivo que tomar un té y presionar el ícono de Morning Coffe desde mi browser. Morning Cofee me permite personalizar el menú de páginas y blogs que quiero revisar a diario/semanalmente/solo los días X especificados. Y es sólo una de las decenas de formas propuestas actualmente para seleccionar la información que me interesa sin necesidad de revolver secciones de diarios.
El sesgo que mi relación con las TICs le da al anterior ensayo es, sin lugar a dudas, uno que mira más el vaso medio lleno que el que tira para abajo. Corro el riesgo de equivocarme garrafalmente, pero cumplo con seguir tanto lo que mis instintos como mi trabajo me dicen día a día: el camino pasa por el conocimiento.
El tema de identidad y país es algo que me ha cautivado desde siempre, aunque la vida me haya llevado a desear crear estrategias de marca y comunicación más que a plantear proyectos en el Congreso.
Cuando pienso en Perú y se me vienen postales y contrariedades pintorescas. Cuando pienso en qué nos define como país encuentro muchas alternativas, pero el ejemplo más puntual lo diviso en una botella. Una de Pisco peruano. Amamos el pisco, tomamos Pisco Sour en bodas, fiestas de 15 y cualquier reunión que implique extranjeros. Sin embargo, hasta antes del conflicto con Chile por la propiedad del Pisco, no teníamos un Día del Pisco Sour ni la cantidad de énfasis en decir que ¡es nuestro! En Lima, que es desde donde puedo opinar, el Pisco era considerado una exquisitez. Su alto costo productivo lo mantenía fuera de competencia con bebidas alcohólicas de elaboración más barata y masiva como la cerveza y el ron. Mientras los chilenos encuentran fácil obtener su primera resaca con Pisco, en Perú lo atesorábamos para los momentos especiales como algo “tradicional”. La sacudida de la denominación de origen del Pisco hizo que se le diera una cara totalmente actual a la bebida. La entendimos y le encontramos un sentido desde el lugar que tenía en la cultura del presente (en el “ahora” ¡justo como me encantaría que se analizara el país!). Desde entonces, no sé si las ventas han subido apoteósicamente, pero para mí una certeza empezó a formarse: los peruanos nos unimos no por sentimiento, sino, como niños: por oposición. Nuestra identidad se define cuando decimos esto es mío porque no es tuyo, en vez de fluir naturalmente, como el amor de un mexicano a su tequila. Es una certeza muy personal, claro. Y aunque por lo general me gustaría probarla equivocada, también entiendo porque algunos estadistas creen que la guerra trae unión en el pueblo. (Lo que no entiendo es como piensan que a la vez contribuyen a la paz mundial, la conservación ecológica y a incrementar las posibilidades de supervivencia de la especie).
En este ensayo, he tratado de entramar distintas áreas a través de la óptica de la web 2.0, que sí: es de lo que la comunicación se trata ahora. Considero que si las personas no intercambian data, no pueden llegar a nada. Creo en la reclusión como camino a la iluminación ¡siempre y cuando uno desee vivir recluido por el resto de su vida! En el caso contrario, la fórmula mágica está en poder expresar, intercambiar ideas, es decir: mejorar y no sacarnos los ojos a palos. La comunicación tiene muchos niveles y los más importantes suelen estar entre lo gestual y lo que no se dice. Sien embargo, me parece que la web 2.0 está creando canales que acortan distancias y permiten que estas sutilezas se blanqueen aún en un “peligroso” entorno virtual, donde ni la regulación legal ni la responsabilidad sobre lo dicho son claras. Confío en que el incremento de la cultura vaya de la mano con el de las habilidades. Y aunque es un salto al vacío confiar, es la mejor opción que encuentro y que desde mis posibilidades trato de fomentar. Trabajo como blogger para niños y, aunque como cualquier trabajo del área comercial este implica a la larga venderles algo, me parece importante darles más opciones e incorporarlos conscientemente al universo web 2.0 Me da pena que tengan que hacerse campañas como “think before you post”: la campaña lanzada desde el U.S.- National Center for Missing & Exploited Children’s para crear conciencia sobre el peligro que implica verter una serie de datos e información personal en Internet. Porque, claro, no todos en el vecindario son amables. Es decir, las posibilidades de Internet son fascinantes, pero el negocio que lo mantiene es la pornografía (*pista, pista!*). La campaña es buena y de choque. Yo diría que sirve. Sien embargo, emprendimientos como think before you post realmente bajan la velocidad de quienes vamos entusiasmados por las TICs. En mi caso, al menos, no por el peligro que se supone que estas implican, sino porque sirve para darme cuenta de que, sí: existe gente lo suficientemente tonta como para pensar que postear una foto en ropa interior en una red de acceso global no va a tener repercusiones.
Este tema de “divulgación de información personal” estuvo muy de moda en Perú hace algunos años, cuando un equipo periodístico descubrió que podía encontrar datos reveladores de una adolescente asesina con solo revisar su perfil en hi5 (el social network más popular en Perú hace 3 años). Por ese entonces toda la prensa se volcó al “fenómeno” de las redes sociales en Internet y el peligro de verter información privada en ellas. La respuesta inmediata dentro de Hi5 fue crear el grupo titulado “entiendo los peligros de poner mis datos aquí, pero la verdad no me interesa” y (mi favorito) “hi5 es mejor que RENIEC” (RENIEC = Registro Nacional de Identificación y Estado Civil).
El vuelco de data personal en Internet, sin embargo, no es una cosa loca que le suceda a unos cuantos imprudentes/descerebrados. Las ofertas de lugares para registrarte, hacer un perfil y aportar a una comunidad o crear un espacio son tantas y tan tentadoras que muchas veces te registras “para probar”, cambias de ventana, te olvidas y 4 meses después te aparece el mensaje de alguien que no sabes de dónde salió. La caza de la novedad dentro de la web 2.0 hace que, al menos en mi caso, por más que desee hacer un uso consiente y “limpio” de la red, acabe generando un más passwords de los que puedo recordar. Este vicio en el que incurro de anotarme en todas las apuestas “tentadoras” es considerado por los especialistas como: generar “basura de Internet”. Es decir, páginas que se crean, ocupan espacio y no tienen contenidos y/o caen en la desactualización, enturbiando las búsquedas.
Lo siento ¡todas tenían logos demasiado bonitos!
Me gusta recobrar el optimismo en la web 2.0 pensando que, más allá de los logos bonitos, detrás de todo el porno, pasando el spam y superando todas las tentaciones de unirme a una nueva red social solo para volver a agregar a los mismos amigos de siempre… ¡puedo usar todos los recursos que ellos usan para atrae moscas pero para difundir ideas con contenido!
Me encantaría poner aquí un link a “como vengo haciendo esto” Pero prefiero ser honesta y aceptar que, antes de mandarme a poner “basura” de un calibre mayor que perfiles abandonados en algunos foros, prefiero esperar y armar algo con más sentido.
Con lo que sí quiero concluir este pequeño periplo por mi relación sentimental con Internet (que me acompaña de cerca unas 12-15 horas al día) es con un chispazo de indignación.
En un momento en el que la misión de la web es ser cada vez más amigable y poner rostros en los IP, aludir al argumento de la dificultad y complejidad que presenta su uso me parece casi irrazonable. Tanto como negar su importancia. Más aún como considerarla una cosa ajena a la cultura. Es por eso que ME INDIGNA que durante las conferencias brindas sobre este tema (Aguiar, Pissciteli) en el Posgrado de Gestión y Política en Cultura y Comunicación – FLACSO 2007 ¡casi la mitad de la clase se parara y se fuera! (o se quedara y pusiera cara de asco, lo que es aún peor).
Por una vez en la vida me hubiera encantado discriminar y decir “ah, fue la gente de una generación anterior, absolutamente migrante al Internet, la que se desentendió y se fue”. Pero no: no había una partición entre generaciones, ni sexo. Imposible saber si alguna tendencia política subyacente.
Esta actitud me dejó un gran sin sabor, más que nada porque se trata de gestores culturales, o al menos de gente que aspira a serlo. ¿En qué época aspiran a ello? Ya no me queda claro. No tengo un consejo ni una advertencia para nadie, aunque, si gustan, pueden hacer caso de las teorías que propongo en mi ensayo. Y si quedo yo como una desubicada optimista o tecnócrata, la verdad me importa poco. Estoy malcriada a ganarme la vida diciendo o tipeando impertinencias, estoy contenta de provocar con algunas de ellas, siquiera.
En mi defensa:
No me arrepiento del progreso.
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