22
Abr
08

1/ TICs + Internet + web 2.0

A pesar de que las intrigas domésticas de un país suenan más suculentas, es necesario empezar comprendiendo la llegada de la web 2.0 al mundo de las TICs.

“TICs” es la forma abreviada de referirse a las Tecnologías de la Informática y la Comunicación. Por esto se entiende la generación de software y equipos en toda la extensión del mundo de las comunicaciones: Internet, computación, telefonía, transmisión televisiva y radial, etc. En las últimas décadas, la producción en el universo de las TICs se ha incrementado exponencialmente, tal y como lo pronosticó Gordon Moore en 1965. Él, en lo que ahora se conoce como “la ley de Moore”, anunció que cada año y medio, sin incrementar su costo, los chips y procesadores de almacenamiento podrían guardar el doble de información. Según las teorías actuales, se cree que en los siguientes 12 años las capacidades de almacenamiento serán superadas a una velocidad cada vez mayor.

La constante generación de nuevas tecnologías es un fenómeno tangible y acarrea consigo un número considerable de discusiones tanto a favor del avance de las TICs como en contra. Del lado positivo, se considera que la constante innovación apunta a facilitar la vida de los usuarios, contribuir a la generación de profesionales más capacitados y en líneas generales, acelerar las consecuencias benéficas que se esperan del progreso. Del lado de la crítica negativa los argumentos apuntan a una tecnificación innecesaria que devalúa el potencial humano en pos de la máquina (argumento clásico en contra de la implementación de nuevas tecnologías), la apertura de una brecha informática que agrava aún más la brecha social. Se discute también sobre las TICs como factores potenciales de aislamiento; es decir, el uso de la tecnología como suplente del contacto social-físico (que pasa a ser reemplazado por interacción en el mundo virtual o un one way con la televisión). Además existe una preocupación creciente por el destino de todo el desecho físico que generan las TICs. Se planeta la cuestión del manejo de los equipos que quedan obsoletos, habiendo posiciones que aseguran que el reciclaje de partes es casi 100% eficiente y otras que teorizan sobre el tiempo que el material del que se fabrican las TICs tardará en biodegradarse. Las discusiones ante estos tópicos son extensas y resulta notorio que el mayor territorio donde se producen es dentro de la misma conectividad virtual de Internet.

El enfoque polar bien-mal es generalmente el que predomina al acercarse al tema de las TICs, sin embargo hay otro ángulo interesante a considerar y es el de las causas: ¿Qué impulsa el desarrollo de las TICs en este momento de la historia de la humanidad? La mayor o menor contribución a este fenómeno varía, por supuesto, según la situación e intereses económicos de cada nación, sin embargo, de una forma global, se podría deducir que el interés puntual por las TICs parece denotar un giro en el interés humano hacia el territorio de la sistematización, divulgación y accesibilidad a la información. Es decir, en el escenario más optimista, podría considerarse que la carrera tecnológica actual tiene por fin saciar a un mercado que busca mejores formas de aproximarse al conocimiento.

Si se considera a Internet un desarrollo dentro del universo de las TICs, la web 2.0 vendría a ser tanto la cara actual de la red como la actitud que presenta. A pesar de que en los primeros años el término “web 2.0″ se calificó como un invento del márketing e- bussines, una aproximación más intuitiva pero experta logró que para el año 2005 se entendiera que la web 2.0 no es ni un lugar puntual, ni una técnica, ni una tipografía o concepto de diseño, aunque algunos de estos elementos se destacan como sus abanderados. El concepto de web 2.0 apunta más bien a ser un movimiento en constante evolución que una frase pegajosa para potenciar las ventas. Aunque, por supuesto, no deja de ser susceptible a ser utilizada de esa forma.

El término “web 2.0” nace luego de la debacle de los “punto-com” en el año 2001. Esta cercanía temporal la coloca como un fenómeno actual, que a principios del 2008 no parece haber alcanzado aún su punto máximo. Luego de la crisis del 2001, y habiendo pasado el momento apocalíptico que predecía el fin de Internet, especialistas web empezaron a desglosar con pinzas la caída de las punto-com, encontrando que las empresas sobrevivientes mostraban rasgos en común: cualidades que les habían permitido sobrevivir aún cuando enormes “monstruos” de Internet se habían desplomado. Los primeros en adentrarse seriamente en el análisis de este tema fueron O’Reilly y MediaLive International, quienes en el año 2004 presentaron finalmente la convocatoria la primera conferencia web 2.0 (evento que ha crecido hasta consolidarse en un hito anual de actualización).

A partir de un brainstorming surgido en este contexto, se le atribuye a Tim O’Reilly el mapeo de los lineamientos de la web 2.0



El anterior cuadro
fue desarrollado en una sesión de brainstorming de una conferencia en O’Reilly Media y muestra un panorama de dónde se encuentra la web 2.0. Cabe resaltar que estos lineamientos fueron aprehendidos de lo que intuitivamente venía desarrollándose en Internet. Es decir, no son las reglas que se establecieron para la competencia, sino la sistematización de lo que ya estaba generándose en la web por decisión propia de los participantes. Como se mencionó antes, no es una cosa, ni un lugar, ni un manual. Es una idea. Hay formas distintas de aproximarse a ella y de utilizarla, pero, como base común, una de las cosas que se establecieron al analizarla es que la web 2.0 funciona como una plataforma. Es decir, como un Internet a partir del cual el usuario puede manejar sus datos. Este enfoque participativo había sido totalmente pasado por alto durante el primer período de Internet, ahora conocido como web 1.0, donde el mayor acercamiento de un usuario promedio a un espacio en Internet era una casilla de correo electrónico.

En sus inicios se le atribuyó a Internet el término Mc Luhiano “aldea global” puesto que se le veía como un medio de integración para el mundo. Sin embargo el planteo de la web 1.0 era estático y poco amigable para el usuario sin preparación. No solamente estaba plagado de páginas rígidas sino que las herramientas para recopilar feedback estaban poco desarrolladas o apelaban a una literalidad innecesaria en Internet. es decir, si en un restaurante la forma de presentar una queja o aporte era llenar un formulario y meterlo a un buzón, en la web 1.0 se aplicaba exactamente la misma fórmula, cambiando el buzón de sugerencias por un botón de “send”. Esta trasposición plana responde al modelo Fordiano con el que se manejaban las comunicaciones durante esta primera etapa de la web. Con la llegada de la web 2.0 todo esto cambia e Internet explota como un medio (a veces abrumador) que apunta a la comunicación directa, al concepto de comunidad, participación y simultaneidad. La web 2.0 descubrió el éxito en la prestación de servicios user friendly, donde el objetivo es “incluir”. Para esto otro de los principios que se tomó en cuenta es que una aplicación mejora a la par del incremento/respuesta de sus usuarios. La creatividad y el pensamiento fuera de la caja se pusieron en uso creándose aplicaciones y herramientas que, más que facilitar el feedback lo incorporan dentro del diálogo/uso cotidiano. La continua exploración de posibilidades bajo la consigna de prueba-mejora ha hecho de la palabra “beta” un icono de la web 2.0, lo que quiere decir que cada servicio es prácticamente un experimento en curso y, al suscribirse, uno se atiene a los beneficios y consecuencias de ser un conejillo de indias. Esto, que bien podría ser un freno para el avance de la tecnología, es asimilado mayormente con naturalidad por los usuarios. A pesar de las quejas que se pueden encontrar en diferentes foros ante el “abuso del beta”, hay una fuerte corriente de interés por las nuevas propuestas: los usuarios buscan ser los primeros en encontrar la novedad, ya sea por estar dentro de la moda o por hallar el lugar en que se sientan más cómodos y beneficiados. Esto, nuevamente, apunta a la idea del desarrollo de las TICs como respuesta a la búsqueda de conocimiento/novedad.

Más allá de clichés estéticos como la tipografía Helvética y el brillo en logos (otros abanderados), lo importante a la hora de hablar de web 2.0 es el cambio que significa. Aún cuando la mayor parte de veces sus aplicaciones se desarrollan con el solo fin de obtener algún beneficio económico, si estas propuestas captan usuarios, el fin lucrativo no compite con el cambio que se sucede en el modo de entender y producir la comunicación.

El siguiente cuadro, extrae algunas de las comparaciones – evoluciones señaladas en la primera Conferencia web 2.0:

El esquema propone claramente la migración de procesos de comunicación verticales a horizontales; de proveedores de software a proveedores de servicios; de una dependencia total al profesional especializado a una aproximación más intuitiva, lúdica y personal; de la necesidad de intermediarios para acceder a un pedazo del espacio de Internet a espacios donde el usuario es buscado para construir y colaborar.
La web 2.0 significa para el usuario migrante un cambio de actitud, pero para el nativo es una forma natural de ver el mundo. Más aún, el usuario nativo no comprende el que antes no se pudiera hacer todo eso. Esta internalización de la web 2.0 deviene también de 2 situaciones particulares:
1)
No hay usuarios nativos adultos.
2)
La web 2.0 ha sabido explotar e identificar la necesidad de expresión y espacio comúnmente atribuida a esta etapa del crecimiento humano y hacerla a la vez atractiva para el usuario migrante.

Como reflexión final para este apartado, cabe pensar que el cambio en las comunicaciones que supone la web 2.0 supondrá también que la generación que se está formando con ella contará con nuevas herramientas y actitudes a la hora de abordar temas que requieren del diálogo entre grupos.


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